
Lo posible abre tantas puertas como cierra lo imposible; sin embargo, la diferencia entre lo probable y lo improbable rasga y rompe cualquier atisbo de acabar con un sueño porque resquebraja la realidad con tanta fuerza que llega a cambiarla. Aprendí en la Universidad la diferencia entre estos conceptos; entonces nunca pensé que llegaría a experimentar el peso y el alcance de su significado en mi día a día. Craso error perdonable por aquella bisoñez que, a veces, añoro.
Gané la porra del Barça-Madrid (5-0) porque aposté con la intención de conseguir el premio a pesar de no tener conocimientos previos de fútbol. Consulté con los que saben y pedí pronósticos. Descarté lo posible y lo imposible así que frente a lo probable y lo improbable dejé que mi intuición se encargara del resto. El destino jugó a mi favor para que pudiera captar la imagen que ilustra este texto.
Cada euro encierra el deseo de triunfar, la ilusión, el antes, el entre y el después de la apuesta, la experiencia de compartir y nada de todo lo que he mencionado cuesta dinero. Me siento afortunada porque he ingresado en mi cuenta de valores los anhelos de mis compañeros de trabajo a los que vencí en la porra. Esas monedas representan la pasión por el juego, la idea de aquello es posible, de lo probable y atesoran brío, intrepidez, aplomo, arrojo, coraje y arrestos. Ingredientes necesarios para vivir.
¿Creéis que ese dinero podría aumentar mi felicidad? No sabría como invertir ambiciones, utopías, quimeras y aspiraciones pero tengo la certeza que esa suma, a pesar de ser pequeña, tan sólo 45 euros, servirá a la Fundación para la Investigación sobre el Sida para ayudar en la lucha contra esta maldita enfermedad que quita a muchas personas la vida. Hoy, 1 de diciembre, es el Día Mundial del Sida . Los investigadores y los científicos luchan cada día por hacer posible lo imposible. Yo apuesto por ellos. ¿Y tú?



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